martes, 18 de febrero de 2020

RESEÑA DE PALABRA ILUMINADA

José Sarria reseña Palabra Iluminada en el diario Ideal y en La Luz Cultural



CANTAR LA PALABRA ILUMINADA

La genuina vocación de todo poeta está al servicio del establecimiento de la educación sentimental de su tiempo, de la construcción de una subjetividad encaminada a la reconquista permanente del ser, sin dejarse vencer por una sociedad volcada en el simple entretenimiento que conduce a la pérdida de la conciencia, en un mundo donde todas las ideas de la felicidad acaban delante de un escaparate, tal y como ha señalado el filósofo polaco Zygmunt Bauman.
El poeta, el verdadero poeta es, por tanto, un cultivador de grietas, aspirando a descubrir lo que está más allá del simulacro. Es lo que ha hecho José María García Linares, con un conmovedor y extraordinario poemario titulado “Palabra iluminada”, en la senda de la máxima de Hölderlin, cuando dice que: “Lo permanente lo instauran los poetas”, dispuesto a mirar, a ver, y, a más de ello, elaborar lo que observa, para, desde ahí, constituir un mundo nuevo que se erige por encima de la simple percepción epidérmica: “Solo cuando rompas la libreta / y guardes silencio / habrás comprendido al fin / la indecibilidad de los almendros”.
En un ejercicio riguroso de indagación y conflicto, de repliegue y validación permanente, sobre la base de un lirismo sereno que transcurre como “la dormida infancia / de un niño rubio en la mañana / esplendorosa del verano” de su Melilla natal, el poeta ha ido conjuntando aquella complicada dualidad de ética y estética: “soy lo que te dice este poema”, desde donde enarbolar la verdad que habita y que ha sabido “descubrir en la metáfora del tiempo”.
García Linares explora, desde su propia intimidad, como lo hace en los magníficos poemas “Sabiduría” o “Memorias”, sobre asuntos que conciernen al hombre y a su existencia: su momento histórico y la temporalidad vital, la identidad, el desconsuelo de lo arrebatado o la desvelación de los sentidos, en el recorrido que establecen los cuatro apartados que componen la obra, además de la impresionante testera con que inaugura el texto y que da nombre al poemario, para desde esa terraza contemplar el mundo, pero con otra mirada que le habilita para escribir “con voz de lluvia”.
Cuando la experiencia se hace insuficiente, es necesario apelar a la intuición: “¿Cuál es el verso, entonces, encendido? / ¿Dónde, iluminada, la metáfora?”, dirá nuestro poeta. Y, ahí, precisamente, se produce el milagro germinativo y fundante de la palabra poética que reinterpreta el mundo, desde una disímil contemplación, dignificándolo y elevándolo por la fuerza expresiva y creadora de la imaginería: “Escribo, luego existo / porque digo mi vida / y al decirla la construyo”.
Este es el territorio iniciático del poeta, su continente mágico, que se nos ofrece áureo y frutal, gracias a su prodigiosa palabra iluminada.

https://www.luzcultural.com/cantar-la-palabra-iluminada/

RESEÑA DE ENTONCES EMPEZÓ EL VIENTO EN EL PERSEGUIDOR

Covadonga García Fierro reseña Entonces empezó el viento el 29 de septiembre de 2019 en El Perseguidor, suplemento literario de Diario de Avisos:


La soledad es el punto de partida de este poemario, como también es el punto de partida de la propia vida: nacemos y morimos solos. Por mucho que nos desarrollemos en sociedad y nos relacionemos con los demás, por mucho que amemos a otra persona, nadie puede sentir las cosas como nosotros las sentimos, llegar a conocernos o a comprendernos del todo. Nadie puede percibir el mundo exactamente como nosotros lo hacemos. Esa soledad ontológica, que se impone desde el nacimiento, desde el primer momento en el que somos, en el que estamos en el mundo, es la soledad sobre la que poetiza José María García Linares.
   La escritura es, para el poeta, la única baza, la única tabla de salvación. Así, García Linares toma también una cita de María Zambrano muy reveladora para abrir el libro: “Escribir es defender la soledad en la que se está”. En efecto, la escritura da sentido a la existencia. No sabemos de dónde venimos ni hacia dónde vamos, ni por qué tenemos que llegar y partir tan solos; pero sí tenemos con nosotros la posibilidad de cultivar la escritura, dejar una impronta de nuestra palabra en el mundo, una huella de nuestro ser. Por ello, no es casual que el primer poema de esta obra se titule “Ser palabra”, ni que contenga estos versos tan hermosos y precisos: “Soy estas palabras / ordenadas en poemas. / Una vida de papel. / Una hoja que respira.”
   El poeta reflexiona en estas páginas sobre lo que supone el veloz e irremediable paso del tiempo; el transcurso de tantas generaciones de individuos que llegan solos, se desarrollan en sociedad y mueren solos, como apunta en este bellísimo verso del poema “Campo de violetas”: Los cuerpos, derramados, se mecen en los pétalos del tiempo. Ese ciclo se repite una y otra vez, sin un aparente sentido más allá del que ofrece la escritura. Porque la escritura nos da la oportunidad de que nuestra palabra y nuestra identidad permanezcan incluso más tiempo que nosotros mismos. La escritura persiste, recoge la memoria individual y la memoria colectiva, y permite su continuación, su transmisión de una generación a la siguiente. La escritura nos sobrevive y, de alguna forma, nos hace perdurables en el tiempo, como expresa el escritor en estos versos del poema “Escritura”: Hay dentro de mí / una escritura milenaria / compuesta de visiones.”
   Con estos versos, el poeta abre también otra reflexión: como individuos que somos, ¿hasta qué punto nuestra escritura es completamente personal, genuina?, ¿hasta qué punto nuestra escritura es heredera de la tradición? Incluso nos podríamos preguntar cuántos miles o millones de personas, únicamente haciendo uso de la lengua -primero del latín, luego del castellano, finalmente de lo que hoy conocemos como lengua española-, han influido en que nuestra lengua haya llegado a nosotros tal y como lo ha hecho. Y es que las lenguas no son otra cosa que mecanismos para concretar, codificar e interpretar la realidad. Esta reflexión en torno a la propia lengua como vehículo para interpretar el mundo de una forma concreta y diferenciada está presente en algunos poemas como, por ejemplo, “Otra lengua”: “He de vivir otra lengua / para vivir otra vida.” No podemos olvidar que, además de escritor, García Linares tiene una formación eminentemente filológica.
   Así, la escritura y el hecho de poder comunicarnos a través de una lengua que nos define, nos identifica y nos hace perdurables en el tiempo se contemplan en este poemario con esperanza, como se puede observar en estos versos pertenecientes al poema “Un amor de lodo y viento”: “Cantaremos en las noches de verano / hasta agotarnos con la luz de las estrellas / porque es nuestro todo el mundo, / el mar, el cielo y la escritura.” Y es que las estrellas, el mar y el cielo son estrellas, mar y cielo porque podemos nombrarlos; las palabras son las que permiten que una realidad exista, que tome forma, que sea percibida por una comunidad de personas que comparten el idioma. Así, en un poema como “Locura familiar”, el autor transmite el mensaje de que la mejor herencia que podemos recibir son las palabras, pues el acto de nombrar es lo único genuinamente nuestro, lo que distingue a la especie humana del resto de seres vivos.
   Por otra parte, tal como apuntábamos más arriba, lo único que puede otorgar la trascendencia o la inmortalidad son las artes; en este caso, la literatura. De ahí que, en un texto como “La fórmula”, a García Linares le interese indagar en cuál es la fórmula secreta para emocionar a través de la literatura y lograr así la perdurabilidad en el tiempo: las vocales, los acentos, las palabras / que puedan arrancarte de la muerte. En la misma línea, el autor se pregunta en “El insomnio”: Si se cansa nuestra voz, / si delira la escritura, / ¿perderemos nosotros la noción / del estar y los significados / del amor, las canciones y la lluvia?
   Un aspecto que llama poderosamente la atención de este poemario es la exquisita sensibilidad con la que se aborda el tema de la memoria, tejiendo versos e imágenes preciosas como las siguientes, del poema “Oscuridad”: “A las diez la claridad es tan ligera, tan ligeros los murmullos de los tilos, / tan efímera la vida. / Son la luz, la soledad, la ligereza, / palabras que designan lo perdido”. Y es que quizá la memoria sea un “mapa de tesoros enterrados”, como reza otro bellísimo verso de “La tienda de Catarino”. Pero, incluso cuando el recuerdo es un naufragio, incluso cuando deseamos volver y no podemos, la escritura nos consuela y nos salva de la nada. Salva nuestros recuerdos y los convierte en poemas. Poemas que ya no solo pertenecen al individuo, al poeta que los ha evocado, sino que ahora pertenecen a todas las personas que se identifiquen con ellos.


   En la segunda parte del libro, Murmullo de geranios antiguos, José María García Linares utiliza el tópico literario del liber mundi, contempla el mundo como un libro que podemos leer e interpretar. Y en esa lectura, encontramos algunos de los elementos que conforman la poética del autor: el amor por la naturaleza y sus imágenes, la importancia que tienen la escritura y la poesía en particular, o la presencia de la memoria y el recuerdo, como se puede apreciar en “La lectura del mundo”: Aprendamos a leer en el silencio / el sendero irrepetible de la vida. / Los valles, los riachuelos, las cantinas, / los ojos de un amor irreparable, / el irnos por los sueños y perderlos, / el mar, la nieve, la nostalgia, / el humo de los cuerpos olvidados, / la fe en el más acá, / tus manos, la poesía (…)”.


   José María García Linares viaja a través de su escritura al origen y al final para luego volver al origen, ese origen ya casi olvidado, el momento de la fundación, siempre indagando en lo que somos, en por qué estamos aquí, para qué hemos venido, hasta cuándo podremos soportar la soledad. Mientras tanto, el poeta continúa con su rutina, tal como recoge el poema “Soledad”: “Lejos de bullicios, / solo con mi sombra, / buscando mi palabra en las palabras / y la vida en la quietud del firmamento”.

lunes, 17 de febrero de 2020

PRESENTACIÓN DE ENTONCES EMPEZÓ EL VIENTO



Encarna León presentó el 26 de julio de 2019 mi libro Entonces empezó el viento, publicado en la editorial Versátiles, nada más y nada menos que en una tarde de ponientazo en el Club Marítimo de Melilla. Dejo a continuación su texto:

Entonces empezó el viento consta de un interesante prólogo, ya mencionado y de tres apartados que se corresponden con la soledad, la palabra y Melilla, elementos que se significan a lo largo de toda la obra. Lleva una cita inicial de Fernando Pessoa que lee: “Siempre fue así mi vida, y así es como quiero que pueda ser siempre” y a continuación José María nos indica que él quiere ser: “Palabras / ordenadas en poemas, / una vida de papel. / Una hoja que respira”. Ciertamente el poeta se identifica en la escritura y la necesita para vivir y comunicarse. No se reconoce de otra manera ante la vida. Hay en los versos de este libro una constante presencia de García Márquez y sus Cien años de soledad, así como la evocación de algunos de sus personajes.
García Linares vuelve a esa nostalgia de infancia a través de los versos con los que va confeccionando poemas de encuentros y vivencias que anidan muy vivas en algunos lugares de su Melilla, lo hace desde las dos orillas, la de su infancia melillense que conforma el pasado y la orilla canaria de su realidad actual, y así escribe: ”Ya no hay ley que oprima mi memoria / ni lava que calcine aquellos sueños”. El poeta va transmitiendo sus deseos de comunicación, sus propias reflexiones personales sobre el mundo y lo que le rodea, con hermosas imágenes poéticas y originales metáforas. Algunos ejemplos: “No hay recuerdos / en las canciones de la lluvia”; “Vivir siempre es perder, / como pierde un pincel / su gota de locura” o “Sabe a verde la brisa… Con ellas va mostrando los escenarios de sus vivencias. Habla también de bazares, mareas, gaviotas, vuelos, mares, rocas…, y nos dice: “Quiero dejarte un mundo / cargado de palabras y relámpagos”.
En la primera parte podemos decir que encontramos la fuerza de la voz de José María García Linares para comunicar universos con un cromatismo de versos, expuesto mediante la palabra como vehículo de amor y conexión con la naturaleza y los hombres; deseos de construir un nuevo mundo lleno de palabras con matices que, a veces, arrastran felicidad o desolación. A lo largo de todo el poemario y más expresamente en el capítulo intermedio, “Murmullo de geranios antiguos”, se ofrece un homenaje a la palabra en sí, José María quiere permanecer en ella, quiere estar dentro del libro, de sus palabras y así se reafirma en los versos que leen: “Soy una vida de papel / una hoja que respira”. En el poema “Los manuscritos” dice: “Busco la luz o las palabras / para encender el mundo, / hacer de lo lejano una morada, / un texto oxigenado y habitable”. Y es que, efectivamente, la palabra lo es todo, es algo fundamental en toda relación y memoria. Ya lo dijo Manuel Gahete, en el preámbulo de La luz impasible. Álbum de paisajes, “[…] solo la palabra persiste tras la nada […]”, “[…] Porque la palabra salva incluso hiriendo […]”.
La tercera parte, bajo el título “Espejismos”, está dedicada a Melilla, a la infancia, memoria del autor. En su primer poema, “La Fundación”, José María expone, en un hermoso y largo poema, los orígenes de Melilla como ciudad española, una hazaña hoy olvidada por muchos. Lo hace utilizando palabras muy significativas como riscos, sirenas, galápagos, luna, barcos fondeados, débiles antorchas… También se duele del olvido de estas raíces cuando escribe: “hemos olvidado nuestro ayer”, “son los pájaros del mar / los que conocen las verdades / de los buques malheridos” o cuando afirma contundente: “Solo en el origen / se encuentra nuestra esencia”
Y para rubricar con fuerza, Entonces habló el viento, el poeta melillense nos susurra amablemente al oído y pronuncia:
“Lo que soy / es un recuerdo / que una vez /tuve de niño”.

PRESENTACIÓN DE PALABRA ILUMINADA



Presentación del poemario Palabra Iluminada, de la editorial Nazarí, en La Laguna, en abril de 2018. En la mesa un servidor junto a los poetas Guillermo de Jorge y Ramiro Rosón.

RESEÑA DE NACER PARA APRENDER, VOLAR PARA VIVIR

José Luis Morante ha reseñado en su blog uno de mis últimos ensayos, el dedicado a la poeta Begoña Abad.

APRENDIZAJE Y EXISTENCIA

   El aserto Nacer para aprender, volar para vivir, que define este estudio crítico sobre la poesía de Begoña Abad, enlaza textura biográfica y recorrido escritural, es un acierto del ensayista José María García Linares, Filólogo, Doctor por la Universidad de Granada y docente en ejercicio en la Comunidad Autónoma de Canarias. Es difícil adentrarse en los estratos poéticos de Begoña Abad (Villanasur Río de Oca, Burgos, 1952) y abstraerse del sujeto real. Al menos para mí, que conocí a la persona y su pletórica humanidad con sombrero en el evento Voces del Extremo, unas jornadas de reflexión y diálogo celebradas en Béjar, en el poderoso verano de 2009. Como ocurría con otros integrantes de aquella convocatoria, periférica y a trasmano del enfoque oficialista de la poesía actual, no tenía ningún trazo de su fisionomía literaria. Pero, según aseveraban los filósofos estoicos, el lenguaje de la verdad no requiere circunvoluciones explicativas para hacerse mediodía y claridad. Capté de inmediato la sencillez, el cálido escepticismo aliñado de ironía y su generosidad expansiva hasta el punto de que su amistad fue el mejor legado del alboroto bejarano. Un año después, propició una lectura poética de mis versos en Logroño. En unas horas de grato recuerdo conocí el quehacer laboral del Ateneo y los aledaños de un río Ebro de aguas transparentes y gélidas. También la acogedora casa de Begoña, su quehacer laboral y aquella azotea abierta, como un mirador suspendido, a los tejados de una ciudad levítica.
   Ha transcurrido una década pero la evocación del trabajo poético no ha perdido intensidad, así que inicio la lectura de Nacer para aprender, volar para vivir con la esperanza de cotejar sensaciones y pensamientos. José María García Linares abre su indagación con un paratexto plural en el que conviven María Zambrano, Antonio Revert Lázaro, Elsa López y Antonio Orihuela, un entrelazado heterodoxo. Con unas coordenadas más precisas, el prólogo aborda algunas cuestiones básicas que sobrevuelan el proceso de escritura y responden a los objetivos básicos del taller textual. La palabra está ahí, es magma y espera y quien se apresta al verso debe solventar desde qué punto de partida inicia voz en la tristura de lo cotidiano. El corpus de Begoña Abad se edita entre 2006 y 2019; sus textos se configuran “como espacios de la memoria que remiten siempre a una experiencia de duración en donde tienen cabida las representaciones del yo en lo cotidiano, en lo trascendente, en lo posible y en lo imposible”. Así sucede en su carta de presentación, la plaquette Begoña en ciernes (2006), publicada por Ediciones 4 de agosto, donde fusiona el yo existencial y el personaje del poema como si la entidad real estuviese marcada por el moldear preciso del poema; como decía María Zambrano, “las palabras sirven para descubrir el secreto del yo y comunicarlo”. Con absoluta coherencia el siguiente poemario La medida de mi madre seguía postulando como muro de cimentación el decurso vital; las cosas están ahí, a la vista y ellas gobiernan la temporalidad del protagonista que ante lo aleatorio muestra el semblante de sus estados de ánimo y la conciencia de estar desempeñando un papel siempre marcado por el discurrir. El rol femenino aporta una sensibilidad diferenciada y reconocible en presencias de enorme fuerza emotiva como la madre o la epidermis del yo en los espejos asumiendo su papel social. La tercera entrega Cómo aprender a volar ofrecía un conjunto de poemas editado por Olifante, en su colección Papeles de Trasmoz. El libro se enriquece con una introducción de Antonio Orihuela. Suena fuerte una poesía breve, directa, emotiva, sin afeites; una lírica confesional, reflexiva y dispuesta a sonar a media voz. Los versos de Begoña Abad manan desde la transparencia, breves, incisivos, como aforismos que resumen los días.
   De la abstracción del sujeto sobre las coordenadas referenciales de su naturaleza nace la cuarta entrega Musarañas azules en Babilonia donde se abren temas nuevos como el eros y la fuerza del deseo, la búsqueda palpable de la piel, y el esfuerzo por sondear comportamientos liberados de tabúes y miedos.
   Pero el yo poemático también deja un espacio al entorno, a las enseñanzas de lo cotidiano. Frente al estatismo doméstico de la conformidad en Palabras de amor para esta guerra se hace más pleno el compromiso y la denuncia, una voz ética que persiste en A la izquierda del padre donde la palabra se hace libertad y vuelo para mirar los tejados de los invisibles y los desfavorecidos. Del mismo modo, otros poemas actúan como crónica de un tiempo manifiestamente mejorable, lleno de flecos y asuntos colectivos no resueltos: los malos tratos, la violencia de género, las actitudes xenófobas, el materialismo son anotaciones de agenda que, en una sociedad individualista y miope, nunca tienen fecha de caducidad. Miradas a un mundo que parece tener narcotizada la conciencia y que se reiteran en las composiciones de Estoy poeta (o diferentes maneras de estar sobre la tierra), libro de 2015. 
   Es un tiempo de extrema fecundidad creadora donde se encadenan títulos –Diez años de sol y edad, una antología de trayecto que añade el poemario inédito HebrasEl hijo muerto, un libro CD de textos recitados, El techo de los árboles Llaves para una revolución- y presencia en antologías del momento, como las que constatan los encuentros en Voces del Extremo, o Mujeres en su tinta: Poetas españolas para el Siglo XXI y la antología Insumisas. Poesía crítica contemporánea de mujeres
   Esa aparente sencillez del itinerario creador de Begoña Abad no exime de la “responsabilidad de cuidar las palabras”, de dar a cada poema el ritmo y la cadencia precisa para que sus versos se aposen en la memoria como si precisaran una reflexión posterior en la que consiguieran su pleno sentido. Así lo corrobora el acercamiento crítico de José María García Linares al perfilar una biografía ficcional en la que se integra, con sitio propio, la cotidianidad expresiva de Begoña Abad, esa textura trascendente de la vida al paso.   

https://puentesdepapel56.blogspot.com/2020/02/jose-maria-garcia-linares-nacer-para.html  

SILENCIOSAMENTE



Otro poema recitado por Tomás Galindo

LA FUNDACIÓN, DE ENTONCES EMPEZÓ EL VIENTO (2019)


Nuevamente en la voz de Tomás Galindo